jueves, 19 de julio de 2007

Tercería















DOS COSAS me quedan claras del Foro Interuniversitario en defensa de la autonomía, que tuvo lugar ayer en el Aula Magna de la UCV La primera, que el tema de la autonomía es una avance en la idea de la libertad, dentro del escenario de la defensa de los derechos civiles y políticos, porque si bien quienes más la reivindican son las universidades, todos los sectores sociales requieren autonomía para poder mantener su propia estructura dentro del esquema de los juegos de poder de una democracia. La autonomía está en la base del desarrollo del criterio, sin autonomía no hay posibilidad legítima de elección.

Y la segunda es que, con la alianza entre estudiantes y gremios (con la academia como espacio para el diálogo, de cara al país), parecieran sentarse las bases para un nuevo esquema institucional que fortalezca la tercería, la haga viable como fuerza política que consolide un nuevo proyecto nacional, distinto de la polarización presente. Que el movimiento estudiantil genere estructuras, instituciones de acción política dentro de su seno, distintas de los partidos, me parece un avance, y que los gremios hagan un bloque también. Hace ya mucho rato que estos espacios naturales de la deliberación y la participación política y social que son los gremios, se les echaba en falta frente al avance de la barbarie: los médicos que permitieron la cooptación de la reforma del sistema nacional de salud, con la imposición de Barrio Adentro; los periodistas que permitimos la Ley Resorte, entre otras tropelías jurídicas; los contadores públicos que nada han dicho en torno a la contraloría social o la falta de contraloría general; los abogados que han permitido tanto desaguisado, y hasta ahora, ninguna de estas instancias ha sancionado en modo alguno a quienes aun formando parte de su seno, han hecho tantos desmanes. ¿Qué hemos hecho nosotros los periodistas, por ejemplo, para llevar a tribunal disciplinario a quienes como Desiree Santos, o William Lara se escudan en el ejercicio profesional para avalar –cuando no a servir- a la razón de estado y sus pragmática de fines? ¿Cómo es posible que Bianco, o Maria de Lourdes Urbaneja sigan siendo médicos? ¿Cómo es posible que nadie haya denunciado en el seno del colegio de abogados, la actuación de aquellos juristas que se han prestado para la judicialización de la política?

Los gremios tienen que rescatar su sentido de acción de cara a la República, recuperándose como referencias éticas, así como el liderazgo del movimiento estudiantil tiene que ser transpersonal por las profundas implicaciones éticas que tiene el convertir la solidaridad en bandera política (¿les suena?). Estudiantes, gremios y universidades sí pueden construir una hegemonía (esta vez sí, en su sentido gramsciano) qué oponer al “fascismo de izquierda” de los mandones. Pero la hegemonía necesita un proyecto. Creo que espacios como el foro de ayer contribuyen positivamente a gestarlo, pero será el trabajo de base, el trabajo que los estudiantes desarrollen para empoderar a las comunidades, lo que establecerá la diferencia, porque permitirá restituir la confianza, el bien cultural con el cual construimos comunidades, hoy por hoy, más escaso que todo aquello que no se consigue en supermercados, abastos y mercales.

Los hijos del pueblo que el Radar de los barrios nos recuerda –y que Iria comenta en Resteados, a la cual remito con gusto- representan la esperanza de no pocas familias en el país, de superar un historial de pobreza: deben regresar al seno de sus comunidades, a compartir saberes para construir entre todos, un espacio de inclusión que trascienda la polarización. Se están tematizando las consignas del movimiento, ahora es cuando hay más trabajo, porque hay que sumar la suficiente masa crítica para convencer a quienes todavía apoyan al proceso (que, es necesario decirlo, cada día están más confundidos), de que el problema no es Chávez, sino el estado, y que para poder construir una República para todos, es necesario cambiarlo de manera legítima, con una nueva constituyente originaria.

William Requejo Orobio leyo a nombre del Radar..., un comunicado conmovedor y lleno de esperanza por su sencilla verdad (foto tomada en préstamo de http://radardelosbarrios.blogspot.com/2007/07/mensaje-de-los-barrios-los.html)

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy acertado el comentario. Mi obsesión con la idea de estructuración de la identidad profesionl del comunicador, tenía que ver con la propuesta de generar espacios de identidad, basados en la defensa de valores y dimensiones cívicas que deben propugnar, sobre todo, los profesionales, pasando de las meras reivindicaciones económicas a las políticas y sociales.