miércoles, 18 de marzo de 2026

Manifiesto de las tres generaciones

 

Elaborado con Canvas IA

 Hay tres generaciones de venezolanos en las calles de Venezuela y del mundo, luchando por el futuro; un futuro que una burocracia secuestró, pero que estamos empeñados en recuperar por nosotros, por nuestros hermanos, por nuestros padres y para nuestros hijos.

En Venezuela el futuro es una construcción que cambia cada instante, hasta el momento en que logramos fijarlo en un curso más allá de las contingencias. Nos descubrimos un país de migrantes, no de ahora sino de hace un siglo, cuando siguiendo las fantasmagorías de la renta petrolera, abandonamos las siembras y nos mudamos a ciudades y campos petroleros, donde engrosamos las periferias y constituimos guetos, por la poca disposición que con nosotros tuvieron las comunidades de acogida; y es que hace un siglo, migrar del campo a la ciudad era como ir de un país a otro, sorteando la ficción de una jurisdicción que, creímos, era la de un estado nacional: en los márgenes de rancherías y casas sin friso conocimos, en democracia, la misma xenofobia que padecieron nuestros ancestros.

En Venezuela es un desafío fijarle un curso seguro al futuro. Ciento cincuenta años de modernización incompleta y casi setenta de república liberal democrática constituida por un pacto de conciliación de élites, muestran un balance con saldos en rojo. Nuestros abuelos emigraron desde el campo, desde el viejo mundo destruido por las guerras, escapando a las terribles dictaduras sureñas o a la guerra civil nunca declarada de Colombia que ya dura 80 años, buscando la modernidad. Las ciudades no acogieron a todos y se formó una brecha entre nosotros, como pueblo, que algunos vieron como cosa normal que no valía la pena corregir, porque obedecía a imperativos de la naturaleza. Setenta años después, 8 millones de venezolanos de tres generaciones no pasan del primer año de bachillerato, por cada hombre empleado hay dos mujeres desempleadas, mientras que 3 millones de profesionales universitarios han migrado, llevándose consigo sus frustraciones, al igual que sus esperanzas de proseguir la búsqueda de la modernidad familiar. Hoy contamos con comunidades de venezolanos en todos los continentes, carentes de una identidad de la que todos nos podamos apropiar, que permitan consolidarnos como una verdadera comunidad capaz de afrontar los retos de un pueblo que lucha por encontrar – por encontrarse en- su tierra prometida.

Sin embargo, solemos decir que venimos del futuro, como un recordatorio a las comunidades que nos reciben, de que el presente es el futuro del futuro y que el realismo sin tiempo, hecho de matemáticas, auctorictas y sesgos de confirmación, nos impide saber que no sabemos, a la vez que nos condena a morir por la causa de las zonas de confort.

Una visión de un futuro posible nos ha mostrado a pranes constituidos en bando, que han constituido un Estado dentro del Estado y han organizado un régimen casi feudal, controlando el país desde cárceles y periferias, bajo el visto bueno de los burócratas; su futuro es la fragmentación del territorio, su balcanización y el señorío de las mafias que controlan el gueto de migrantes, aquí en el territorio o doquiera que vayamos. El pran es el nuevo caudillo que no antagoniza ni a los institucionalizados ni a los burócratas ni a los corporativistas que hacen la guerra de cuarta generación, porque de ellos se inspira, con ellos se asocia, a ellos sirve.  

Somos sobrevivientes de una guerra de cuarta generación, que ha transcurrido principalmente en nuestras mentes y que le muestra al mundo nuevas formas de dominación cada vez más sutiles. A la pugna de bandos luego sucedió la migración forzada constituida como ejercicio de ingeniería social, en respuesta a una Emergencia Humanitaria Compleja generada por la prolongación en el tiempo de un conflicto político que no se ha resuelto, como en las guerras convencionales, por el predominio de un bando sobre otro. La tiranía de la burocracia ha explorado hasta dónde puede estirarse la idea de democracia sin romperse, para usarla como coartada de una política de hechos consumados, como argumento para el abandono, como bandera para el campo de concentración; entretanto, una nueva conflagración mundial inicia y Venezuela que se debatía entre la declaratoria de país forajido o volver a ser un proveedor energético confiable de Occidente, para lo cual la decisión parece regresar en el tiempo a las condiciones políticas y económicas de 1943, cuando se decidió el destino de la renta petrolera, dedicándola a financiar el consumo, no la producción.

Podemos entender que una parte de la comunidad internacional haya visto con buenos ojos la Revolución bolivariana, porque no supuso una conflagración abierta, sino una hegemonía abocada a cambiar el modo de producción; porque hubo propaganda exitosa que jugó a recordarle al mundo los valores liberales, desde una izquierda de la periferia que ganó adeptos entre quienes quisieron ver en el proceso sus propias aspiraciones antes que las realidades. Pero la verdad de los hechos nos muestra que la supuesta vanguardia revolucionaria devino en corrupta burocracia, primero, en ominosa tiranía después, cometiendo desmanes aún peores que aquellos que denunciara desde su insurgencia original, en 1992. La corrupción de la tiranía va más allá de disponer de los bienes de la República como si fueran propios, se ha cebado en envilecer a todos los ciudadanos, convirtiendo en hecho delictivo cualquier trato con el estado, volviéndonos una sociedad de cómplices hasta la exasperación, banalizando el mal de forma sistemática y cotidiana, instalándonos la desesperanza aprendida, obligándonos a huir, al exterior, o al insilio, dentro de cada quien; así, ha hecho que nuestra interioridad se vuelva pequeña, seamos menos gente y resulte más fácil el que nos temamos unos a otros para justificarles el control.

La política de hechos consumados nos trajo a un desenlace poco previsible, donde el enemigo de vuelve aliado, donde el perdón antecede a la justicia, donde la hegemonía revolucionaria cede a un programa sostenido de reformas y donde ha surgido, nuevamente, la oportunidad de fijar el curso hacia un futuro común.

Nuestro futuro dependerá, entonces, de las decisiones que tomemos en nuestro presente. Si la burocracia halló continuidad entre la guerra y la política, para arrogarse un ejercicio de la soberanía que no le corresponde, si en nombre de este ejercicio elaboró una catástrofe para instaurar su tiranía, hoy le toca al pueblo reconstruirse frente a este simulacro de un destino, le toca a la clase política hacerse hábil en rebeldía y en institucionalidad, para impulsar los cambios necesarios a partir de un diagnóstico consensuado que vaya más allá de lo inmediato, dé cuenta de la profundidad y extensión histórica de la crisis venezolana y obligue a soluciones estructurales, a apuestas serias por la innovación de cara a la reconstrucción; a la dirigencia, a elevar la calidad de sus decisiones, y a la sociedad civil, a generar una hoja de ruta que contemple compromisos intergeneracionales, como padres, madres, hermanos e hijos que somos. Estos compromisos deberán reunir nuestras aspiraciones personales con la creación de una comunidad que conciba al país como la casa de todos; compromisos que deben constituir acuerdos entre nosotros, que podamos sostener en el tiempo y que permitan orientar la política que se haga en lo sucesivo, en favor de un nuevo proyecto histórico, de un horizonte compartido como nación.

Estos son compromisos que tres generaciones podemos asumir como principio virtuoso de nuestra nación en reconstrucción:

1.MODERNIDAD PARA TODOS

Los países entienden a la modernidad como civilización y se incorporan a ella mediante procesos de modernización. Nuestro intento de conciliar el patrimonio de nuestras tradiciones con las novedades de la época dejó por fuera a varias generaciones de venezolanos y proyectó al presente viejos vicios jamás erradicados, como el racismo, el clasismo u otras formas de segregación. El pensamiento político de las élites venezolanas naturalizó la diferencia instalando el prejuicio expresado en la idea de que el pueblo no tiene como darse su propio gobierno por tanto es menester gobernar por él, pero no con él.

Debemos construir una visión de sociedad plural y pluralista, que no ceda a los cantos de sirena de las soluciones únicas, fáciles o prácticas, que garantizan a los liderazgos voluntaristas que no haya razones políticas eficaces para argumentarlas contra la voluntad política o la autoridad del cargo. Debemos construir una sociedad con racionalidad suficiente para que la ciudadanía pueda deliberar y ponerse de acuerdo en aspectos del gobierno de la República, delegando en los representantes la decisión, pero no la supervisión de lo que hacen.

2. UNA NACIONALIDAD SIN MITOS

En la nación, que es la casa de todos, los mitos fundacionales tienen utilidad educativa, no se usan para legitimar abusos en nombre de la soberanía. Nos recuerdan el pasado que fue, el origen, y no configuran una identidad exclusiva, que pretenda convertirse en una esencia, objeto devocional de una religión de estado.

El realismo mágico de la noción de Estado y los elementos de las virtudes que lo constituyen, deben estar desligados de compromisos antagónicos a las tradiciones democráticas, civilistas y liberales de los padres y abuelos fundadores de la venezolanidad. El mito del gendarme necesario, el neocaudillismo habilitado en mafias, burocracias y tecnocracias; la aceptación, como necesarios, de la democracia de la exclusión o del socialismo de la salvación; deben ser superados por una visión de Estado de derecho hecho de sentido común, que no pueda servir para conculcar la voluntad general. Somos padres, madres, hermanos e hijos, continuadores de las generaciones que traman sus vidas en una casa común. Somos lo que hacemos, y merecemos poder hacer más para ser más.

3. UNA NUEVA SENSIBILIDAD COMÚN

Las formas antiguas de construir la nacionalidad llevaban a asumirla como una identidad postiza, más producto de la propaganda que de la actualización viva de los saberes ancestrales, patrimoniales. Las fallas del estado docente durante la modernización, unidas a una insuficiente promoción de la cultura como dispositivo de sensibilidad generaron un modo de ser de escasa sensibilidad y subjetividad que opera con una limitada capacidad para dar valor.

En la nación, que es la casa de todos, el gusto se educa, el patrimonio se enseña y la sensibilidad se cultiva para que haya ciudadanos con suficiente amor propio, capaces de hacer buen uso público de la razón.

4. UN ESTADO AJUSTADO A LA CIUDADANÍA

Si vamos a construir la nación como casa de todos, es necesario garantizar que la participación ciudadana tenga efectos de gobierno, para lo cual es necesario transformar el Estado.

El Estado que administra la República no puede seguir siendo, como hasta ahora, centralista, presidencialista y con reelección indefinida para los cargos ejecutivos, porque ello perpetúa en el presente los males heredados de los caudillos, disimulados, ahora, en el voluntarismo de los liderazgos personalistas y en la obsecuencia del funcionariado. Como padres, madres, hermanos e hijos podemos aspirar a que, con la reforma del Estado, la distancia entre los ciudadanos y sus representantes tome la escala correcta: ni demasiada como para que los representantes consideren a los ciudadanos como súbditos, ni muy poca como para que el margen de la deliberación y el de administración se confundan, dejando espacio para tiranías y corrupciones.

Una nación que se regenera y quiere sanar heridas deberá procurar transitar por el largo camino de la construcción de la confianza en sus instituciones, reconociendo un pasado que fue pero que no puede seguir siendo horizonte para responder a los retos del presente. El nuevo sentido de Estado debe estar marcado por profundos pilares republicanos que se sustraigan de todo riesgo de corporativización; la profesionalización y promoción de la política con arraigo vocacional permitirá apostar por servidores públicos que garanticen la firmeza gubernamental y la estabilidad del hilo constitucional.

Con la adecuada reforma del Estado, la nación puede articularse más y mejor en su acción política y el ciudadano puede tomar el protagonismo que le corresponde, de forma mucho más orgánica, legítima y justa, que bajo una idea de soberanía que hasta ahora nos ha obligado a vivir fuera de nuestro propio cuerpo: en el cuerpo de los antiguos soberanos que no logran desaparecer del todo en la multitud de los hombres concretos.

5. NUEVAS FORMAS DE HACER POLÍTICA

En la nación, que es la casa de todos, los partidos políticos organizan la política electoral y proponen representantes y agendas de trabajo para los cargos de representación popular; las sociedades intermedias agrupan los intereses de gremios, sindicatos y demás corporaciones de la vida del trabajo, sin ser cooptados por los partidos; las organizaciones de la sociedad civil desarrollan activismo enfocado en temas de interés público; y ello es posible, porque las formas de agregación ponen en primer plano las comunidades de práctica, sus saberes y haceres antes que las leyes, normas y deberes. La gobernabilidad democrática es posible porque cualquiera puede ventilar públicamente los temas de interés común y someterlos a la deliberación de ciudadanos y representantes, porque la política es servicio antes que un mero ejercicio de poder y la democracia es una forma de vida antes que una forma de gobierno.

La repolitización necesaria de nuestra sociedad requiere apostarle a la inteligencia colectiva, rescatar la memoria histórica, animar la participación de los ciudadanos en el espacio público intersubjetivo y rescatar la confianza para que la opinión pública restituya a las comunidades negadas por la simetría de las racionalidades limitadas que reducen el valor de la condición humana a la mera estimación de la utilidad de su conducta. Especialmente, debemos discernir el sentido de esperanza que surge en nuestros jóvenes, comprendiendo sus realidades, apostando desde ellos, por cada generación que sigue luchando día a día; y, asimismo, compartir sentido de humanidad en total apertura hacia el otro, con solidaria solicitud con los más frágiles, entendiendo el sentido humanizador que tiene acompañar la construcción de proyectos de vida con aptitud ciudadana. Desde nuestra vocación democrática nos corresponde llegar a los márgenes de las periferias, y salir al encuentro de los jóvenes, articulando el encuentro de los separados y el reconocimiento de los diferentes, para que nunca se olvide que somos una comunidad.

6. EDUCACIÓN SOLIDARIA PARA CERRAR LA BRECHA SOCIAL

Si queremos construir una nación de iguales, no podemos mantener la principal fuente de inequidades que es la diferencia en años de escolaridad. Cada uno de nosotros debe enseñar a quien no sabe, de manera solidaria, para que aquellos que no tengan escolaridad aprendan y agreguen su saber hacer y así puedan empoderar sus proyectos de vida y desde ellos, construir la casa común.

La educación solidaria traerá capacidades para el empleo y el emprendimiento, pero principalmente permitirá generar confianza para restituir el tejido social, deteriorado por décadas de abandono y por la guerra que la burocracia le ha planteado al país. La educación solidaria podrá generar acuerdos en las comunidades, para cerrar las brechas que la exclusión abrió, pero que el modelaje negativo de la delincuencia profundizó. Si queremos justicia y paz, ni una ni otra pueden imponerse sino construirse desde el reconocimiento de un repertorio de significados compartidos. La formación de nuevos docentes y la actualización profesional del cuerpo magisterial requerirá la elaboración de nuevas políticas educativas que permitan alcanzar una educación de calidad con competencias y estándares internacionales, con sentido humanizador, enfocada en el dominio de habilidades blandas, pero supervisada y coordinada por las comunidades de una sociedad que se concibe a sí misma como educadora.

7. UNA ECONOMÍA BASADA EN EL TRABAJO

En el país, que es la casa de todos, cada quien vive de su trabajo, empodera su proyecto de vida, sostiene su hogar y paga sus impuestos con los cuales capitaliza a la República y dota al estado de recursos para garantizar derechos y prestar servicios de forma tal de no comprometer el patrimonio de las generaciones futuras.

Para que esto sea así, padres, madres, hijos y hermanos deberán garantizar que se dé fin al estado rentista, se desmonte la cultura del rentismo y se cambie la concepción de que la renta es un derecho soberano del pueblo; para propiciar políticas que abaraten el costo del empleo, garanticen buenos servicios de educación, salud y seguridad social con cobertura universal, incentiven el ahorro interno, la competitividad y la complejidad económica; garanticen la propiedad privada y racionalicen el lucro. Y todo ello motorizado por una concepción que permita ver a la economía y la moral como continuidades en la forma de crear valor a lo interno de la comunidad, porque uno y otro deben ser expresiones de amor propio antes que codicia desalmada.

8. OTRA MANERA DE ESTAR EN EL MUNDO

Para el país, que es la casa de todos, la orientación de la política exterior debe trascender los enfoques históricos, y ubicarse en un cambio de época que pone en tensión tres factores en el marco civilizatorio: la crisis de la globalización liberal, los desafíos de jurisdicción al sistema de los estados nacionales y sus instancias de gobierno y la emergencia de la sociedad del conocimiento. Estas tensiones realinearán a los actores de la geopolítica mundial y en este marco, el país deberá hacer mucho más que una diplomacia petrolera si quiere transformar eficazmente su modelo económico e insertar positivamente al país en el concierto de las naciones.

Debemos configurar una diplomacia de paz que propugne los principales ideales cívicos, dé garantías a los derechos humanos y se plante firme ante las actitudes despóticas de los gobiernos locales del mundo, con el fin de garantizar la promoción de los ideales democráticos. 

9. UNA NACIÓN EN LA DISPERSIÓN

La diáspora venezolana nos ha colocado en la situación de poder aprender a ser nación fuera del territorio, a construir comunidades que comparten identidad y modos a lo interno de una nación extranjera.

Como quiera que el proceso para construir el país que es la casa de todos no implique el retorno inmediato de los desplazados al territorio, será necesario construir las estructuras que les permitan participar activamente, como padres, madres, hijos y hermanos que también son. Apostar por las comunidades de venezolanos más allá de las fronteras patrias requiere un interés de carácter nacional pues, en la medida en que se puedan fortalecer sus mecanismos de cuidado y una cultura del buen trato entre conciudadanos, los venezolanos en el extranjero podrán caminar con mayor firmeza y posibilidad de éxito en los diferentes lugares del orbe donde se establezcan, a la vez que contribuyendo a construir el futuro de la nación, ahora, como venezolanos de ultramar.

10. UNA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Para tener el país, que es la casa de todos, el Estado debe depender de la sociedad y no al revés. La fortaleza de la sociedad vendrá dada por la mayor cantidad de conocimiento de calidad disponible a lo interno de esa sociedad; conocimiento que permitirá deliberar eficazmente, generar una economía compleja, competitiva y justa, con lo cual los proyectos de vida sean empoderados desde la solidaridad de una sociedad que preserva sus vínculos internos.

ESTOS SON LOS COMPROMISOS que tres generaciones podemos asumir, para transformar nuestro destino y construir el país que es la casa de todos. Constituyen una razón, un propósito, para que aquellos que están dispersos unan sus fuerzas para ganar. Son ideas, pero quieren ser ideas-fuerza que contribuyan a darle forma a la reconstrucción. Con esa esperanza invitamos a todos a discutir estas ideas y a institucionalizarlas como agenda en organizaciones políticas, en el cuerpo castrense y en la Sociedad Civil.

jueves, 25 de julio de 2024

Leo (1943 - 2024)

 

MAMÁ FUE UNA GRAN MUJER, no porque me lo haya dicho mucha gente, o porque fuera mi mamá, sino porque efectivamente lo fue.

Nació en Ragonvalia -nombre compuesto a partir del de Ramon González Valencia, general de la guerra de los mil días, en el norte de Santander; Hernando Trak, el papá de Isabela y tío abuelo de Yasmín y Juancho Trak, estuvo exilado allí, pero Isabela siempre creyó que era un invento de su papá, como el tratado de Neerlandia del Gabo, que resulta que sí tuvo lugar. Mi bisabuelo, coronel liberal en Chitagá, mi abuelo, maestro de obras -liberal- en Ragonvalia; con la muerte de Gaitán tuvieron que venirse antes de que la turba conservadora -sus vecinos- los asesinara, y cruzaron el río Táchira, hasta Delicias, donde se levantaron.

Mamá era ingeniosa desde muy pequeña, la mayor de tres hermanas, siempre al pie de mi abuelo. Largo cabello trenzado, brillantes ojos verdes, voluntariosa, de carácter, un poco bruja, amaba cantar y bailar y estaba hecha para la fiesta. Entre Delicias, San Antonio del Táchira y Rubio transcurrió su adolescencia; allí conoció a mi papá en el Centro Internacional de Educación Rural, donde ella se formaba para maestra; profesor de geografía e historia, llanero, luego supervisor nacional de educación rural. Se casaron en 1962, yo demoraría siete años en llegar, y después nadie más.

Vivíamos en El valle, en Los jardines, en el piso 17 de un edificio alto cuyas ventanas daban a la autopista. Aprendí a leer con mi mamá mientras ella le enseñaba a una muchacha que se había traído de los andes para que la apoyara con la casa, usando el libro de alfabetización de adultos, abajo cadenas. Ella hizo de mi un lector, pues si bien no estudió sino hasta segundo año, fue una lectora infatigable, comentarista de sus lecturas, escritora ella también, de canciones y cuentos. Ama de casa rigurosa con la economía; innovadora en las maneras de resolver problemas domésticos con lo que hay; impulsora de los emprendimientos de mi papá, que no hacía pescaditos de oro sino muebles de mimbre primero y productos de limpieza después, cuando descubrió que jubilarse daba lugar a una segunda vida. Vivimos después en Maracay, en una casa en la vega del rio El castaño a la que he regresado en sueños algunas veces y donde fuimos felices. Allí era rito la conferencia después del almuerzo, una conversación sobre cualquier tema del conocimiento, como si fuera un refectorio y mamá una abadesa. Allí formé mi espíritu crítico, mi modo de ser disidente: Camburito era Castalia y yo no he hecho más que construir abalorios.

Pero no siempre fue así; hubo una aventura de negocio que salió mal y nos vimos regentando un abasto en Ureña, Estado Táchira para recuperarnos. El demandante trabajo nos mermó la salud a todos, pero nos permitió recuperar capital y regresar a Maracay.

Mamá vivía inventado actividades qué hacer con sus vecinas – amigas en Camburito: deportes, manualidades, cuánto más. Descubrió el Taichí a finales de los 90, en una academia en Maracay más filosófica que deportiva. Cuando me casé, Maracay se me puso lejos y ellos decidieron vender y venirse para San Antonio de los Altos, compraron un apartamento y se dedicaron a salir de paseo, como de vacaciones, hasta que nació Sarita y nos apoyaron con su crianza temprana, que alternaban con las actividades del taichí, del teatro, del club del abuelo, la bailoterapia, con las amigas. Después vendieron el apartamento y compramos Fin de Mundo y cuando papá cumplió su ciclo, mamá lo sobrevivió 12 años, con dignidad.

A mamá la diagnosticaron con diabetes luego de la muerte de mi abuela, por el mismo mal, a los 70 años. Tuvo una hernia en la columna en la región cervical que ameritó operación. Hizo una peritonitis por perforación de un divertículo que ameritó colostomía y posterior reconexión. Pero lo que la hizo completar su ciclo fue un carcinoma de células basales en la región axilar, que tuvo recidiva e hizo metástasis y con el cual estuvo tres años y se le operó tres veces. Y en ese tiempo no dejó de practicar abanico, preparándose para un pase de cinta en taichí, no dejó de celebrar la graduación de bachiller de Sarita, de convertirse en el alma de la fiesta y de volverse viral en redes cuando los chamos la animaban gritando “hasta abajo” “la abuela” y ella celebraba haber vivido para ver.

Cerca del fin del ciclo, una tarde, me dijo que estaba orgullosa de mí.

-Y yo de ti mamá – le dije, disimulando una lágrima.

Partió el lunes 8 de julio, dormida, como siempre pidió.  

Yo apenas hoy tengo algo de cabeza para escribir estas líneas con las que intento rendir homenaje e informar el suceso. Para la misa seleccioné un pasaje de las Confesiones de San Agustín que me pareció elocuente de lo que yo sentía, había pasado con mamá:

“Señor Dios, danos la paz, puesto que nos has dado todas las cosas; la paz del descanso, la paz del sábado, la paz que no tiene tarde. Porque todo este orden hermosísimo de cosas muy buenas, terminados sus fines, ha de pasar; y por eso se hizo en ellas mañana y tarde.  Mas el día séptimo no tiene tarde, ni tiene ocaso, porque lo santificaste para que durase eternamente, a fin de que, así como tú descansaste el día séptimo después de tantas obras sumamente buenas como hiciste, aunque las hiciste estando quieto, así la voz de tu Libro nos advierte que también nosotros, después de nuestras obras, muy buenas, porque tú nos las has donado, descansaremos en ti el sábado de la vida eterna.”

Así descansaremos, después de ser juzgados en amor. Así descansa ella, en la vida de recuerdos atesorados. No tengo más que agradecimiento por haberla tenido. No tengo más que un enamorado agradecimiento para con Belkis: fue una verdadera hija para mi madre. No tengo más que un absoluto agradecimiento para todos aquéllos que en estos tres años de lidia con la enfermedad, nos apoyaron generosamente. Sé que su memoria es una bendición para las generaciones de mi casa, empezando con Sarita Leonor, su nieta, que lleva su nombre.

miércoles, 8 de julio de 2020

Rumbo hacia la nada



AYER, LA UCAB presentó los datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida -ENCOVI- en su edición 2019-2020. Aquí va un resumen de lo que estimé, son sus principales hallazgos, incluye en algunos casos, comparación con el indicador correspondiente en las ediciones de 2015 y 2017.

Pero antes de desmenuzarlos, un comentario general.

El que tengamos indicadores de calidad de vida propios de un país africano obedece a una voluntad política. El que la población se haya reducido en casi su cuarta parte en cinco años, no es consecuencia de cinco lustros de negligencia, porque no puede una negligencia ser tan eficiente: es ingeniería social pura y dura, más positivista que las hechas por el positivismo político latinoamericano,  más facha que las organizadas por los fascismos de derecha como el fascismo italiano o el nazismo, o los fascismos de izquierda como el estalinismo soviético, la revolución cultural china o el genocidio de los Jemeres rojos camboyanos, por mencionar algunos regímenes. La ingeniería social implica biopolítica, control sobre los cuerpos y sus funciones y abundante legislación administrativa; implica además perspectiva histórica y comprensión geopolítica; así, son capaces de transformar el control de una pandemia en un estado de excepción, sin que las voces en contrario alcancen para denunciarlo en ninguna parte.

Con abundante saber y claridad en los planes, el régimen reta la instrucción y la formación que las casas de estudio (las mismas que miden cómo nos vamos reduciendo a la nada) imparten a los liderazgos de la oposición; y ganan el reto no tanto por la asfixia presupuestaria, la censura o la prisión, lo ganan porque han hecho inflexión a los paradigmas de los saberes que se imparten, forzando a una innovación que no ocurre; lo ganan porque el reto implica cuestionar el statu quo académico y ninguna clase política se suicida, por tanto explota una contradicción interna en su propio beneficio.

La ingeniería social del régimen genera una reconfiguración étnica del país, no porque los del régimen sean distintos al ethos nacional, sino porque así avanzan en su proyecto histórico que es supranacional, regional, hemisférico. Mientras se desagreguen los síntomas y se ataquen de forma aislada, mientras se siga siendo nominalista en el diagnóstico y voluntarista en la estrategia, aislados, disgregados y compitiendo entre sí, seguiremos con el rumbo hacia la nada y aceleraremos el paso cada día.

Envejecimiento de la población y pérdida del bono demográfico
La población en Venezuela se redujo en casi 4 millones de personas como resultado de la combinación de una intensa emigración de personas entre 15 y 39 años de edad, menor número de nacimientos e incremento de la mortalidad. Se ha acelerado el envejecimiento de la población al pasar la población de 60 años y más, de 10% a 12%. En un quinquenio se han perdido 25 años de bono demográfico: “en el año 2020 se alcanza la relación de dependencia demográfica que Venezuela habría debido alcanzar en 2045”.

Viviendas y hogares envejecidos
La condición de las viviendas: 4% casa-quinta, 85% casa, 6% apartamento, 4% vivienda rustica que alojan cerca de 300 mil hogares.
De cada 10 hogares, casi 8 se aloja en viviendas con conexión a acueducto, 1 se abastece de agua con el uso del camión cisterna y el resto utiliza pila pública, estanque u otros medios. No obstante, desde la ENCOVI 2015, ha aumentado el porcentaje de hogares en viviendas sin acceso al sistema de acueductos, de 19% en 2015, a 23% para 2019, a la vez que se duplica la cantidad de los que no tienen suministro continuo de agua.
De cada 10 hogares, tres (32%) en Venezuela sufre interrupciones diarias por varias horas del servicio eléctrico; asimismo tres de cada diez (32%) le ocurre alguna vez a la semana por varias horas; dos de cada diez (26%) alguna vez al mes, y uno de cada diez nunca.
Envejecimiento de la jefatura de los hogares. El promedio de años del jefe del hogar pasó de 47.2 en 2017 a 52,1 en 2019 en hombres; el promedio de edad de las mujeres jefes de hogar se mantuvo constante.
Tipo de familia por hogar: la familia más común resulta la familia extensa o extendida (32%), seguida de la familia nuclear completa (27%), familia nuclear incompleta (15%), unipersonal (14%), y compuesta (1%).

Incremento de la matrisocialidad
85% Las familias nucleares incompletas tiene jefatura femenina, asimismo 67% de las familias extensas y 49% de las familias nucleares completas. Es más común la jefatura masculina cuando se trata de hogares unipersonales, parejas solas o nucleares completos. Los hogares monoparentales jefaturados por mujeres tienden a ser ligeramente más numerosos (4 integrantes por hogar).

Empleo precario e intensivo
El nivel de participación en la actividad económica de la población de Venezuela es el más bajo de la región con 56%.
Existe una fuerte inequidad de género en la fuerza laboral: 71% de los que participan económicamente son hombres, y apenas 43% son mujeres.
Existe, además, tendencia hacia la informalidad laboral. Los trabajadores por cuenta propia representan 45% de la Población Económicamente Activa, lo cual representa un incremento de 50% en cinco años; los empleados públicos 24% y los empleados en el sector privado 22%.
La oferta de empleo en el sector manufacturero se redujo a la mitad en 5 años. Es en el sector de los servicios y del comercio donde la población activa ha encontrado alguna forma de emplearse, principalmente, como trabajadores por cuenta propia.
La intensidad del trabajo ha aumentado: en promedio, 70% trabaja 35 horas a la semana, 24% lo hace mas de 46 horas a la semana y 23% trabaja menos de 35 horas/semana. Los sectores con más intensidad de trabajo son: comercio y servicios (39%), electricidad y agua (32%) y agricultura (32%), pero por tipo de empleador, es el sector privado quien muestra mayor intensidad de trabajo (90%), seguido del sector público (80%), el patrono o empleador (84%) y los trabajadores por cuenta propia (72%)

Educación: se acentúa la brecha
La demanda potencial de educación cayó, pero no hay progresos de cobertura. Se estima que hay 1.7 millones de estudiantes menos en el sistema educativo, con lo cual la matrícula total pasó de 12,7 millones promedio entre los años 2014-2018 a 11 millones de jóvenes entre 3 a 24 años, siendo más acentuada la caída en el rango de edad de 18 a 24 años, en el cual, la cobertura pasó de 48% en 2016, a 25% en 2020, y donde la cobertura del quintil mas rico (44%) casi triplica la cobertura del quintil más pobre (16%).
La brecha de género en educación es favorable a la mujer (71% frente a 69% hombres), pero se pierde en la incorporación al mundo laboral.
Rezago escolar creciente: Casi 2 de cada 5 jóvenes tienen algún nivel de rezago escolar, que en los casos de rezago más severo se duplica en hombres y se triplica en mujeres. El riesgo de exclusión educativa es mayor entre la población de 12 a 17 años más pobre, donde 27% se encuentra en rezago escolar severo
El 85% de la población escolarizada (3 a 24 años de edad) asiste o asistió a planteles públicos, mientras el 15% asiste a planteles privados. Apenas 46% del quintil más pobre completó su enseñanza obligatoria, a diferencia del 98% del quintil más rico que completó su enseñanza.

Emigración internacional y remesas
19% de los hogares reportan que al menos uno de sus integrantes emigró a otro país en el período 2014 – 2019; en 70% de estos, ha emigrado una persona, en 20%, dos personas y en 10%, tres personas. 30% de esos hogares de migrantes reciben remesas, y el 10% del total de hogares del país reciben remesas.
Hasta 2015, predominaba la migración femenina sobre la masculina, esta tendencia se revirtió en los últimos 5 años. La mitad de los emigrantes recientes son jóvenes de 15 a 29 años que han interrumpido su trayectoria educativa o se han graduado, en ambos casos, buscan afuera las oportunidades que no encuentran en Venezuela. 23% de los que emigran son universitarios, 11% son técnicos (TSU), 51% completaron su educación media, y 15% completaron su educación primaria o menos.
En 2017, apenas el 8% de los hogares migrantes recibían remesas; aumentó a 30% para este período (2019-2020).

La pobreza en sus múltiples dimensiones
Entre 2013 y 2019, se produjo una caída del PIB de 70%, situación que explica el aumento de la pobreza en sus diferentes formas. La pobreza multidimensional se ubicó en 2019 en 64,8%; la pobreza total se ubica en 96,2%, mientras la pobreza extrema se ubica en 79,3%, cuando en 2014 se ubicaba en 47% y 20,6% respectivamente. El aumento de la pobreza se debió al deterioro de los ingresos y el empeoramiento del empleo.
El estudio determina cuatro tipos de pobreza: Pobreza por ingresos (96%), caracterizada por Insuficiencia del ingreso disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y educación, incluso utilizando el ingreso total del hogar sólo para estos fines; pobreza reciente (54%); pobreza en consumo (68%) representada por hogares cuyo ingreso o consumo se ubique por debajo del costo de una canasta de bienes y servicios que permite la satisfacción de necesidades básicas; y pobreza crónica (41%).
Venezuela es el país más pobre y el segundo más desigual de América Latina. Los niveles de pobreza en Venezuela se comparan con los países más pobres del mundo y que tienen mayor inestabilidad política: Chad, Congo, Zimbabue, Yemen, Haití, Sudán, Camerún.
Para los hogares en pobreza extrema, las transferencias no laborales representan el 45% de su ingreso, mientras que, para los no pobres, 35%; El valor de las transferencias oscila entre 1 y 5 dólares y solo han reducido en 1,5% la pobreza extrema.
Sólo 20,7% de los venezolanos tienen cómo cubrir la canasta de alimentos.

Inseguridad alimentaria y desnutrición
Uno de los indicadores más visibles de la emergencia humanitaria compleja es la inseguridad alimentaria. Según los datos de la ECONVI 2019, 33% de los hogares venezolanos sufre inseguridad alimentaria severa, 36% inseguridad alimentaria moderada y 25% inseguridad alimentaria leve, lo cual supone un total de 94% de los hogares con inseguridad alimentaria, un incremento de 14% en comparación con 2017 (80%). Solo 3% de los hogares no tiene ningún tipo de inseguridad alimentaria.
El promedio de calorías consumido diariamente por los venezolanos es de 2.006.; el quintil más pobre consume un promedio de 1.550 calorías diarias, cuando el requerimiento es de 2.000.
La dieta pierde variedad, con predominio de los carbohidratos en todos los estratos de ingreso, no obstante, la ingesta de proteínas si muestra diferencias notables. El consumo nacional promedio de proteínas es solo 34,3% del requerido, el quintil más rico quintuplica el consumo de proteínas del quintil más pobre; y aun así, ningún quintil, ni el más pobre ni el más rico, consume el requerimiento diario de proteínas de 51 gramos. En promedio, el venezolano consume 17,9 gramos de proteínas al día.
El estado nutricional de niños menores de 5 años respecto a peso y edad indica que: 8% de los niños (aproximadamente 166 mil) califican como desnutridos; 21% se encuentra en riesgo de desnutrición. Y respecto a talla y edad: 30.3% (639 mil niños) de los niños menores de 5 años sufre desnutrición crónica o talla baja, y 28% se encuentra en riesgo de talla baja. En este indicador, Venezuela se ubica como el segundo peor país de América Latina y El Caribe, y próximo a la realidad de África. Las secuelas de largo plazo de los actuales estados nutricionales de Venezuela pueden ser irreversibles, además de acentuar actual tasa de mortalidad infantil, de 26 por 1.000 nacimientos.

Impacto del COVID-19
Estudios realizados en el marco de la ENCOVI 2019, en marzo y abril, referidos especialmente al impacto del COVID-19 en el país, muestra el potencial agravamiento de los indicadores ya deteriorados de la Emergencia Humanitaria Compleja. Entre otros indicadores se señalan los siguientes:
Pérdida de empleos. La pérdida de empleo por motivos de las restricciones de la movilidad aumentó en 6,9% a nivel nacional; en las regiones con mayores restricciones de movilidad llegó a ser de 10,2%, en el resto fue de 5,5%. Esta situación afecta hasta 43% de los hogares, los cuales reportan imposibilidad de trabajar o pérdida de ingresos.
Impacto de las transferencias de los hogares (subsidios directos en moneda nacional): 25% de los hogares declararon recibir transferencias de instituciones públicas entre octubre y febrero de 2020, se reporta además un aumento a 52% en marzo/abril; el promedio de las transferencias es de 5 USD.
Reducción de las remesas. Las remesas pasaron de 9% antes de iniciar la pandemia a 5% en el periodo marzo/abril.

sábado, 27 de junio de 2020

Clark, periodista


SUELO RECORDAR ESTA FECHA tradicionalmente, como testimonio de que me siento orgulloso de mi oficio. Hace cuatro años escribía -y viene a cuento, por la campaña del Colegio Nacional de Periodistas, de este annus horribilis: “Siempre digo, en tono más bien jovial, que Clark Kent es mi superhéroe favorito: imaginen por un momento los esfuerzos que este correcto señor tiene que hacer para mantener a buen resguardo al voluntarioso superhombre (¿übermensch? ¿Es correcto en alemán?); y así poder ejercer con dignidad su oficio, el de saber para hacer saber, para dar qué pensar y para poder ayudar a decidir a cada quien, de tal modo que los intereses particulares se armonicen en el interés común.”
   Sigo creyendo que el joven Clark es el verdadero héroe: el tipo empático pero valiente, que decide consagrar sus mejores esfuerzos a buscar la verdad, decirla y defender el derecho que todos tienen a saberla; el tipo responsable, atento a los detalles, que dedica lo mejor de su ciencia a construir sentido común; el intelectual público que confronta al poder en nombre de ciudadanos como él, para garantizar la igualdad de todos ante la ley, principio fundamental de la democracia doquiera se practique.
   Al joven Clark le toca vérselas con villanos más complejos que los que su superhombre interior suele confrontar; podemos verlo romper lanzas contra corporaciones delictivas de escala global, contra burócratas incrustados en la administración pública en el nivel nacional o multilateral, contra jueces que prevarican la justicia, contra militares que no defienden la soberanía del estado nacional, contra lobbies y claques que imponen la dominación, la censura, mermando a las gentes su poder. También podemos verlo revelando lo que pasa, contrastando las versiones, dando puntos de vista para considerar los hechos y que cada quien saque sus conclusiones; a veces los sentimientos le hacen jugarretas y entonces se indigna, se entristece o se frustra; a veces deja de apostar por la big picture y se empecina con su versión, pero no podemos enojarnos con él, porque salvo que lo esté haciendo en favor del lobby y para el aplauso de la claque (en cuyo caso no estaría haciendo periodismo sino propaganda), allí Superman gana la partida, pero Superman puede ser Bizarro, Clark no.
   Cuando Clark madura, tiene experiencia y conocimiento qué compartir con los más jóvenes, entonces cae en cuenta que el periodismo es una forma de pensar y que sirve para mucho, pues las cuatro cosas que aprendió a hacer muy bien: leer, escribir (u operar un lenguaje) hacer preguntas y pensar, ayudan a sacar adelante proyectos de diferente naturaleza; que un proyecto responde a dos preguntas básicas: qué y cómo, mientras que una noticia responde cinco y es una suerte de recurso mnemotécnico que permite hacer comprensiones aceleradas de los hechos, sus actores y su contexto; comprensiones que se enriquecen con el manejo de los sesgos cognitivos. Para esa época, Clark ya ha desarrollado un superpoder propio: la capacidad de saber cómo piensa la gente, de anticiparse, de jugar magistralmente ajedrez, boxeo de sombras, incluso dominó…
   Por eso, los socialismos burocráticos en modo dictadura del proletariado, las tecnocracias nacionalistas, los fundamentalismos religiosos, los populismos, los supremacismos de cualquier pelambre, los conservadurismos rancios, los racismos incultos… Todas las formas de la exclusión que hacen vida en las poliarquías eficientes tienen a Clark en la mira, en listas de indeseables, candidato a ser Winston Smith en el enojo del Ministerio de la Verdad, en Oceanía. Clark lo sabe, por eso tiene que ser inteligente y saber moverse dentro y fuera de lo políticamente correcto, porque el sentido común lo puede haber malo, hecho de propaganda, de posverdad, de escándalos, de prejuicios y estereotipos, de fake news dedicadas, publicadas en redes sociales o medios masivos; o bueno, hecho de argumentos, buenas historias, contextos informados e ironías que cuestionan el léxico de la tribu, para evitar que éste (el sentido común) se nos vuelva pensamiento único.
   A Clark, en estos tiempos de pandemia y de profunda crisis, le toca reinventarse y reinventar el mundo, pero no lo hará solo: conectará con muchos que, como él, están superando las tragedias de sus propios superhéroes y están bien dispuestos a solidarizarse, a confiar, a avanzar.
   (Dedicado a mis queridos alumnos de TFC periodismo, los jóvenes Clark,
 en el día en que rompo silencio)

martes, 27 de junio de 2017

En el día del periodista: celebración rebelde del oficio

Estos días de rebelión nos van mostrando al frente del pueblo que marcha contra la tiranía, reportando, informando, dando testimonio de la verdad. Es nuestro trabajo, pero también es nuestra vocación.

Nunca antes en nuestra patria hubo tantos periodistas heridos por reportar, pero tampoco antes hubo tantos muertos por protestar. Las violaciones a la libertad de expresión y al derecho a la información están cebadas en la agresión al periodista, después viene la censura al medio. El régimen acciona ambos para instalar el miedo y con él, el silencio, indispensable para consolidar su dominio.

Debemos insistir en decir, en mostrar, en dar a escuchar, en establecer la relación y en producir mejores argumentos cada día para que la gente tome mejores decisiones cada vez. Evolucionamos para hacerlo cada vez mejor, vamos entendiendo qué implica hacer periodismo digital, qué implica hacer periodismo ciudadano, cómo emprender, cómo innovar, cómo deben formarse las próximas generaciones de colegas.  Aún nos falta reunirnos nuevamente como gremio, actualizar el colegio, crear la Federación Venezolana de Comunicadores Sociales, pero eso puede surgir: la rebelión disuelve cosas y propicia que surjan nuevas, ese es su poder.

Hoy día del periodista, vaya mi abrazo a mis colegas, a mis estudiantes y a mis maestros: somos una larga línea que nos trae al presente y que nos guiará al futuro. Somos custodios de la democracia y la modernidad; somos constructores el sentido común, pero a la vez los primeros llamados a preservar la ironía que lo cuestiona, que lo pone a prueba para que sea sentido. Ejercemos un oficio de práctica y prédica, pero al final del día somos padres, madres, hijos y hermanos, ciudadanos que ejercen un oficio que nace de aprender a ponerse en los zapatos del otro. “El mejor oficio del mundo” decía García Márquez. Yo lo creo también.

Hoy marcharemos hacia Conatel, a entregar un documento de protesta. Esperamos que no haya represión al ejercicio de nuestro derecho puesto que lo ejerceremos en paz. La foto es de El impulso

viernes, 2 de junio de 2017

La curva de aprendizaje


UNA AMIGA MÍA se pregunta si en Venezuela estamos pasando, realmente, de un ciclo de protesta no violenta a una rebelión popular, al fijar, inicialmente tres características de cambio en las protestas de 2017: a) que la mayoría de las mismas no se hace en espacios de autonomía sino en no lugares (en la denominación de Marc Auge): autopistas, grandes avenidas; b) que la resistencia se organiza a la usanza de los frentes de batalla y c) que poco a poco va surgiendo una insurgencia armada contra las fuerzas represivas, principalmente en el interior del país. Lo hace, posiblemente movida por la afirmación hecha por Provea, de que estamos en presencia de la primera rebelión popular venezolana del siglo XXI idea que a Elías Pino Iturrieta le parece una exageración, cuando señala,  en otro texto: “en un país deshabitado, en lo más parecido a un desierto sin maneras efectivas de comunicarse sus contadas criaturas, las horas de hoy no tienen vísperas, los luchadores de ogaño no encuentran antecedentes. Tampoco en los hechos tempranos del siglo XX, según se trató de describir. De lo cual se colige la exageración de la meritoria ONG, pero especialmente la irrupción de un suceso sorprendente en nuestros días, de unos hechos insólitos que pueden conducir a un capitulo prometedor de la historia que no solo merece un análisis detenido, sino también, sin duda, justificada apología.”

Es novedad, entonces, lo que pasa. ¿Pero qué es lo que pasa? Quien esto escribe ha tenido, en estos días, varios déjà vu de 2014 que lo alarman, porque lo llevan a considerar que si bien las condiciones generales del conflicto son otras, la curva de aprendizaje político y social, en esta hora, está todavía muy plana; y a preguntarse qué podemos hacer para acentuarla.

Sostiene este escribidor que primero debemos tener claridad en el diagnóstico: no es lo mismo decir “crisis de gobernabilidad” que decir “ruptura del hilo constitucional”; no es lo mismo decir dictadura que decir tiranía; no es lo mismo decir guerra y sus apellidos (guerra civil, guerra sucia, etc.) que decir que el genocidio sea una política pública de este gobierno; no es lo mismo decir que es un problema nacional a decir que es un conflicto hemisférico. Cada definición marco de la situación genera lecturas distintas y estrategias diferentes, así que, si no hay consenso en el diagnóstico, tendremos estrategias que pueden resultar antagónicas, con alcances limitados y probablemente condenadas al fracaso. Toca construir un diagnóstico consensuado, y para ello es necesario que cada quien se aboque a buscar lo común en las visiones diversas, de manera transparente, renunciando a la zona de confort que la auctoritas faculta y aceptando la posibilidad de visiones complejas, multicausales y no reductivas, para comprender el problema que se va a explicar (y eventualmente solucionar).

Quien me ha leído con anterioridad conoce que en mi opinión, esto que nos pasa es una guerra civil de baja intensidad, así una de las partes no luzca armada frente a la otra; y que hace parte de un conflicto hemisférico e incluso global  que requiere una mirada compleja –pública y transparente-  en los múltiples tableros donde las decisiones se toman. De allí que pueda concordar con lo que plantea Evan Ellis, profesor del Instituto de Estudios Estratégicos (SSI) del Army War College de Estados Unidos entrevistado por la Deustche Welle el pasado 5 de mayo: “lo que ocurre en Venezuela no es una cuestión de política o de relaciones internacionales –afirma- sino un golpe del crimen organizado de gran escala: un grupo de criminales ha tomado control del Estado y asaltado su tesorería. El problema de fondo es que no existe un mecanismo jurídico internacional ni un modelo de cooperación regional que permita rescatar a un Estado en esas circunstancias sin violar su soberanía. De momento no hay cómo liberar a Venezuela, a su gente y a sus recursos de quienes los secuestran a punta de pistola”; y colegir que el secuestro de la soberanía convierte a los criminales en tiranos y restringe la legitimidad de las negociaciones que puedan sostenerse, como si esto fuera una situación de rehenes, ante la cual, la actitud de actuar en forma nominalista dejando de nombrar para que las cosas no ocurran, como si de repente, una retórica que no apunta a la convicción se pudiera instituir como si fuera una superstición, hace parte del problema en vez de la solución.

¿Dónde nos perdemos? Al parecer, en la diatriba de las opiniones, algunas formuladas de buena fe. Un estudio de opinión realizado recientemente por Datincorp (8 de mayo) nos muestra la perspectiva de un conflicto agonal entre cuatro bloques: chavismo madurista, chavismo no madurista, oposición (MUD) y oposición no MUD. El chavismo no madurista y la oposición no MUD parecen configuran lo que vagamente el estudio denomina No Alineados (neutros o nini), que parecen constituir la primera minoría de tres en que parece estar distribuida la afiliación política en el país (40%, versus 30% chavismo y 30% oposición), lo cual no dista demasiado de los datos de las primeras mediciones donde aparecieron los No Alineados, en 2004, aun cuando el contexto haya sido diferente.

Pero la opinión pública en ese estudio muestra otras lecturas contrarias a la supremacía de alguno de los bandos. Señala que la postura de “todo o nada” no es factible (77%), aun cuando la negativa a la constituyente es de 73%. La ciudadanía prefiere como solución al conflicto las elecciones generales (53%); asume que la resolución de la crisis pasa por diálogo y negociación entre chavismo y oposición (39%), o dialogo y confrontación combinados, (24%) como quien camina y mastica chicle al mismo tiempo. Sin embargo, advierten que la permanencia de las protestas en la calle debe ocurrir indefinidamente hasta lograr los objetivos, 79%; (90% oposición, 69% NA) que las razones para las protestas son: (en orden decreciente) “elecciones” 35% (31% NA), “punto final a la crisis” 27% (35% NA) y “renuncia o destitución de Maduro” 32% ( 24% NA); y que si bien hay confianza en la conducción de las protestas por parte de la oposición; (74%, pero relativizada: 64% oposición con confianza total, 31% NA con confianza a medias y 30% NA que no confía nada) cuando se indaga en las figuras de liderazgo de la oposición, 50% de los NA no confía en ninguno, mientras 35% de los opositores confían en Leopoldo López y 23% en Henrique Capriles.

¿Hay No Alineados en las marchas, en las barricadas, en las protestas? Seguramente. Pero no están incorporados al bando opositor, no por terquedad, sino porque no hay abierta la posibilidad de constituir algún marco de identidad que los integre, porque el bando opositor ha supeditado la formulación de dicho marco como proyecto político a la aceptación del liderazgo presente, declarando como superflua esa exigencia (una “frivolidad de académicos” se ha dicho). Y la falta de proyecto da fuerza a argumentos como los esgrimidos por Edgardo Lander, cuando afirma: “Por otro lado hay sectores radicales de la derecha que en realidad no quisieran que esta experiencia del chavismo terminase simplemente como una derrota electoral del chavismo, que dejase de alguna manera esta experiencia, obviamente muy golpeada, pero que quedaría como una experiencia de organización, de expectativas, etcétera. Esto para este sector no puede sobrevivir, para este sector esto requiere aplastamiento, exterminio. Un escarmiento de manera tal que este imaginario de la posibilidad de cambio quede negado. Y si además de eso sabemos que en este sector extremista esta la incidencia internacional y está como se ubica Venezuela en la geopolítica global, queda claro que esta violencia tiene características estructurales, está claro que esta violencia es extraordinariamente difícil de desmontar. Porque estas condiciones cierran enormemente las condiciones para el diálogo. No es simplemente un desborde, hay sectores que buscan esta violencia como objetivo”. El argumento en contrario no puede ser simplemente insistir en que  la legitimidad de la lucha opositora es que es no violenta, que el violento es el gobierno, porque igualmente se queda por fuera el pueblo y eso es de las violencias más crueles que hay, la de negar la identidad.


Cuando esto se publica, ya la reunión de Cancilleres de la OEA, suspendida por la falta de consenso, muestra la complejidad del caso venezolano. Seguimos marchando, se siguen encendiendo focos de protesta en todo el país, y la represión va en aumento, pero la distancia entre la calle y el poder instituido todavía es muy grande. Hay que acelerar nuestros aprendizajes, pero sobre todo, hay que querer aprender. (La foto, por demás, elocuente, es de Isaac Paniza)

miércoles, 10 de mayo de 2017

Por Miguel Castillo, mártir

Miguel Castillo (Foto tomada de Runrun.es)

LOS QUE ENSEÑAMOS PERIODISMO sabemos que, cuando nuestros alumnos se visten de toga y birrete y escuchan el gaudeamus igitur, en su graduación, no es que se van, es que los recibimos como nuestros colegas, como profesionales que profesan junto a nosotros un credo: el del oficio y sus valores, el de su razón de ser: como aquellos que reciben el testigo en esta larga carrera de generaciones.


No esperamos ver a nuestros antiguos alumnos morir, en las calles, defendiendo el derecho de la gente a estar informado, o sus propios derechos, como ciudadanos esclarecidos que deben ser. No esperamos que un reportaje, un documental o una campaña publicitaria les cuesten la vida, como tampoco esperamos que una protesta sea sometida a sangre y fuego, que el genocidio sea una opción política y que para poder tener futuro la gente tenga que arrancarlo de las manos avariciosas de una burocracia, dando la vida por la libertad.

Eso nos pasó hoy con Miguel Fernando Castillo Bracho (26), egresado de la Universidad Santa María en Comunicación Social; asesinado por el régimen durante la protesta ciudadana en defensa de la Constitución. Colega.

En Venezuela hay 17 escuelas y más de 46 mil estudiantes de comunicación social. Cada año egresan más de dos mil. Así como nuestros jóvenes defienden su derecho a una libertad que aquí no conocen, nuestros estudiantes se forman para construir un sentido común que sirva para hacer república y formar ciudadanos en el ejercicio de esa libertad; son la expresión de un pueblo que quiere ser moderno y ve en ellos una manera de consagrar su aspiración; saben de la vocación totalitaria del régimen, de la autocensura de los medios; saben del miedo a saber y el terror a decir. Y aun así salen a las calles, a sortear los escollos y a portarse como gremio, porque el país debe saber y el mundo, lo que está pasando aquí.

Los periodistas, reporteros gráficos, diseñadores gráficos, artistas, productores audiovisuales, locutores, relacionistas públicos, publicistas, productores de contenido digital, gestores de comunidades digitales, investigadores, profesores universitarios; los comunicadores sociales todos tenemos que reunirnos como una sola voz y una sola fuerza con el pueblo que lucha por darle fin a este horror que consume nuestras vidas. Si el pueblo ha decidido rebelarse contra tanta injusticia, es necesario que los comunicadores sociales también lo hagamos, que gremios y medios echemos el miedo a la espalda y abramos los ojos y los oídos, las cámaras y los micrófonos, para que haya buena información y queden contrarrestadas las mentiras interesadas y las versiones capciosas que hacen parte de la guerra que el estado secuestrado por una burocracia cínico-militar le ha planteado al pueblo para perpetuarse en el poder a costa de nuestro presente y nuestro futuro. Que cada comunicador y cada estudiante de comunicación hagan redes que refuercen el trabajo de los medios independientes, industriales o digitales, que lleven información fidedigna para tomar decisiones, para adoptar la innovación necesaria en el momento preciso y para alimentar el espíritu de este pueblo que se reencuentra con su historia, enfrentando la tiranía y la falta de alternativas.

Y esto lo haremos por nosotros, todos, no unos y otros, como siempre nos quiso el régimen. Porque ellos ya no es medio pueblo, sino los torvos asesinos que ocultan en las sombras sus ojos de odio. Lo haremos por el amor a la memoria de Miguel, por los hijos que no tendrá, por las muchas satisfacciones que no nos dará, desde la cámara o la cátedra. Lo haremos con la conciencia de que de una forma u otra, también él dio testimonio de amor y entrega, denunció su tiempo y anunció uno nuevo, de esperanza y libertad; porque muriendo nos entregó el testigo y ahora nos toca a nosotros responder. 

Rogamos al buen Dios dar consuelo a los familiares y amigos de Miguel, quien ahora contempla su rostro y a quien interrogará en amor y no dudamos, pasará el examen con honores. Amén