![]() |
Miguel Castillo (Foto tomada de Runrun.es) |
LOS QUE ENSEÑAMOS PERIODISMO sabemos que, cuando nuestros alumnos se visten de toga y birrete y escuchan el gaudeamus igitur, en su graduación, no
es que se van, es que los recibimos como nuestros colegas, como profesionales que
profesan junto a nosotros un credo: el del oficio y sus valores, el de su razón
de ser: como aquellos que reciben el testigo en esta larga carrera de generaciones.
No esperamos ver a nuestros
antiguos alumnos morir, en las calles, defendiendo el derecho de la gente a
estar informado, o sus propios derechos, como ciudadanos esclarecidos que deben
ser. No esperamos que un reportaje, un documental o una campaña publicitaria les
cuesten la vida, como tampoco esperamos que una protesta sea sometida a sangre
y fuego, que el genocidio sea una opción política y que para poder tener futuro
la gente tenga que arrancarlo de las manos avariciosas de una burocracia, dando
la vida por la libertad.
Eso nos pasó hoy con Miguel Fernando
Castillo Bracho (26), egresado de la Universidad Santa María en Comunicación
Social; asesinado por el régimen durante la protesta ciudadana en defensa de la
Constitución. Colega.
En Venezuela hay 17 escuelas y más
de 46 mil estudiantes de comunicación social. Cada año egresan más de dos mil. Así
como nuestros jóvenes defienden su derecho a una libertad que aquí no conocen,
nuestros estudiantes se forman para construir un sentido común que sirva para
hacer república y formar ciudadanos en el ejercicio de esa libertad; son la
expresión de un pueblo que quiere ser moderno y ve en ellos una manera de
consagrar su aspiración; saben de la vocación totalitaria del régimen, de la
autocensura de los medios; saben del miedo a saber y el terror a decir. Y aun
así salen a las calles, a sortear los escollos y a portarse como gremio, porque
el país debe saber y el mundo, lo que está pasando aquí.
Los periodistas, reporteros
gráficos, diseñadores gráficos, artistas, productores audiovisuales, locutores,
relacionistas públicos, publicistas, productores de contenido digital, gestores
de comunidades digitales, investigadores, profesores universitarios; los
comunicadores sociales todos tenemos que reunirnos como una sola voz y una sola
fuerza con el pueblo que lucha por darle fin a este horror que consume nuestras
vidas. Si el pueblo ha decidido rebelarse contra tanta injusticia, es necesario
que los comunicadores sociales también lo hagamos, que gremios y medios echemos
el miedo a la espalda y abramos los ojos y los oídos, las cámaras y los
micrófonos, para que haya buena información y queden contrarrestadas las
mentiras interesadas y las versiones capciosas que hacen parte de la guerra que
el estado secuestrado por una burocracia cínico-militar le ha planteado al
pueblo para perpetuarse en el poder a costa de nuestro presente y nuestro futuro.
Que cada comunicador y cada estudiante de comunicación hagan redes que refuercen
el trabajo de los medios independientes, industriales o digitales, que lleven
información fidedigna para tomar decisiones, para adoptar la innovación
necesaria en el momento preciso y para alimentar el espíritu de este pueblo que
se reencuentra con su historia, enfrentando la tiranía y la falta de alternativas.
Y esto lo haremos por nosotros,
todos, no unos y otros, como siempre nos quiso el régimen. Porque ellos ya no
es medio pueblo, sino los torvos asesinos que ocultan en las sombras sus ojos
de odio. Lo haremos por el amor a la memoria de Miguel, por los hijos que no
tendrá, por las muchas satisfacciones que no nos dará, desde la cámara o la
cátedra. Lo haremos con la conciencia de que de una forma u otra, también él
dio testimonio de amor y entrega, denunció su tiempo y anunció uno nuevo, de
esperanza y libertad; porque muriendo nos entregó el testigo y ahora nos toca a
nosotros responder.
Rogamos al buen Dios dar consuelo a los familiares y amigos de Miguel, quien ahora contempla su rostro y a quien interrogará en amor y no dudamos, pasará el examen con honores. Amén